viernes, 17 de abril de 2009

ROMPIENDO MOLDES




Tiempo atrás me preguntaba por el motivo de mi predisposición para aburrirme frente a la monotonía.......... Me asusté creyéndome una eterna insatisfecha.


Me asusta verme hambrienta de alicientes cuando he alcanzado algo. Me asusta pensar que todo me sabe a poco y que necesito más de lo que tengo. Necesito empezar un nuevo libro cuando acabo la última página, sentir lo que no he experimentado y andar por donde nunca he caminado.


Da vértigo preguntarse dónde están los límites de lo que se quiere. Dónde acaba lo placentero y comienza lo nocivo. Porque nadie te asegura que el suelo que pisas sea firme si nunca has andado por él. Nadie te garantiza que estés fuera de peligro, y sin embargo, mantienes esa inclinación por lo desconocido.


Dicen que quien juega con fuego se acaba quemando. Y yo añado que quien nunca se quema, no desarrolla callo.


Vivamos con todas las emociones y sin ningún miedo.


La respuesta que encuentro a mi pregunta es que el peor de los miedos es tener la sensación de que tus días pasan con la misma intrascendencia con la que alguien con cerebro pasa las hojas de una revista de moda.


No hay que resignarse a que esto ocurra. Negarse a ello es lo más sensato que se puede hacer.



2 comentarios:

  1. Cuanto tiempo sin pasarme por aqui!!!
    Ya me he puesto al día y me he leido las nuevas entradas... las hay muy buenas... en casi todas te percibo ilusionada con tus planes y tu futuro cambio de aires. Es genial! Me alegro mucho.
    En cualquier caso, y respecto a lo que dices en esta última, lo esencial es no confundir miedo con prodencia. Ser prudentes está bien, que el miedo nos paralice no...

    Mucho ánimo (aunque creo que no lo necesitas)
    y un besazo

    ResponderEliminar
  2. Gracias Catiña, me miras con buenos ojos.

    Como siempre, lo bordas... Miedo, ninguno. Pero tentar al peligro, tampoco, cierto es.

    ¡¡Besazo gordo, gordo!!

    ResponderEliminar