viernes, 28 de agosto de 2009

CAMINO




En esta vida no se pueden perder oportunidades. Sobre todo si sabes que no se van a repetir.



Sin planearlo y sin haber contado con ello, me proponen un viaje para visitar Northdland hasta el pico más alto de la isla. No estaba dentro de mis cálculos, ni tampoco apuntado en mi agenda para esas fechas. Pero la respuesta no tardó demasiado en emitirse. Cuando algo te motiva al instante, se debe hacer. Y lo mejor de todo es que cuando las cosas se desarrollan de este modo, el resultado suele superar tus expectativas.




Más de mil kilómetros en menos de tres días no son nada si se cuenta con una buena compañía y un objetivo común: disfrutar del trayecto.





Una ranchera, varios macutos, una docena de mapas y toneladas de ilusión, son suficientes para transformar ese puñado de kilómetros en tu mejor viaje.




No hay nada como divisar el horizonte sin estar seguro de cuál será tu próxima parada. No hay nada como olvidarse del mapa para dejarse guiar por la intuición, o simplemente, la inercia de querer ver algo que te ha llamado la atención de repente.




























Pues cierto es que entre tanto Kaka Street, Pukeko, Kawakawa, Kaitaia, Kohukohu, Hukurangi, Tutukaka, Matakohe… juntado a un mediocre sentido de la orientación, mi función como copiloto deja bastante que desear. Pero no importa, esto sólo le da más emoción al asunto...






No hubiese sido tan gratificante encontrar la paradisíaca playa de Ninety Mile Beach si se hubiese hallado a la primera. El objetivo se hizo de rogar, pero la espera mereció la pena.



























Dos horas de rastreo en coche fueron suficientes para perder por un momento la esperanza de poder, al menos, divisarla.



































Los paisajes dejan de ser lo interesantes que debieran, y la decepción empieza a invadir por momentos el entorno.










La música comienza a resultar aburrida, y los ojos parecen salirse de nuestras órbitas buscando alguna pista de nuestro paradero.




- “Es absurdo seguir con esto, nos estamos alejando demasiado”.

- “Ok, démonos tan sólo 10 minutos más. Si en ese tiempo, no divisamos la playa, nos damos media vuelta.”


























Dicho y hecho. Recorremos menos de un kilómetro más, y al final del todo, rozando el cielo, se asoma tímidamente el mar, reflejando destellos de sol de una forma majestuosa









La distancia que nos separa es grande, y el sendero complicado, pero hemos de llegar. Ahora no podemos deshacer todo el camino.



























Cierta incertidumbre, nos inclina a pensar que el camino se va a acabar en cualquier momento y tan sólo vamos a poder divisar la playa de lejos.







Pero algo nos dice que debemos continuar y no quedarnos con la duda. Volvemos a recobrar la emoción.





- “Hasta la música está empezando a gustarme…” Dice el que conduce.



Escucho por un momento la letra. En cualquier otra situación me hubiese producido urticaria, pero escribo disimuladamente el estribillo… “muéstrame el lugar donde debo ir”.
























Tan sólo unos metros más hacen falta para divisar la escena más impresionante que probablemente hayamos visto.

































El efecto óptico que produce el sol con la arena y el agua es espectacular. No es bonito, es simplemente mágico.























































El contacto con el agua es la sensación más increíble que podríamos experimentar en estos momentos.


Nos deshacemos de la ropa como aquel que pretende tirar por la borda todos sus problemas para no cargar con más lastres. Sin ninguna otra intención, tan sólo, el contacto con el agua.































Ahora puedo decir que me he bañado en las aguas de Tasmania. Pero también se, que será difícil superar algo así a partir de ahora.








6 comentarios:

  1. Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Me encanta ver que lo aprovechas. Sigue viviendo todo al maximo!!! estoy seguro que en alguna vida nos cruzaremos.

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  2. Jeje, ya nos hemos cruzado y con seguridad nos volveremos a cruzar.

    Hasta entonces.... enjoy each minute!! ;)

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  3. Los nombres del Pacífico, jajaja :D

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  4. ¿Que tal niñaaa...?, titulas tu relato con la palabra "Camino" y curiosamente Joa bautizó a su bici de montaña así "Camino", en ella ha viajado como tu hiciste hasta encontrar esa hermosa playa batida por las olas. Un viaje improvisado, un mapa chistoso que os confundia, el aburrimiento y la fatiga que a punto estuvo de haceros desistir..., pero el tesón se impone, la ilusión, tu intuicion y llega la recompensa.
    Me estan gustando mucho estos post, Mar, es tu Viaje, tu Experiencia..., no estaria mas que finalmente los reagruparas en un relato final.
    Besos, "mujer que crece día a día"

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  5. Sí, María, lo de Kaka Street fue de foto... (y nunca mejor dicho :P)

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  6. Bicipalo, este fue un claro ejemplo de "quien la sigue, la consigue". Encontrar esa playa fue la cañísima. El momento, inolvidable. Pero todo lo que costó, no lo cambio por nada, porque eso lo hizo aún más deseable.


    Creo que como todo en esta vida. Me quedo con eso.


    (Y con todo lo demás :) )

    Besazo, y me paso ya mismo!!

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