miércoles, 12 de agosto de 2009

HAY VIDA AHÍ FUERA


























Sigue pasando el tiempo y no he experimentado ni un momento de verdadera nostalgia.




Contrariamente a lo que pensaba, el objetivo de este viaje no es profundizar acerca de mi existencia. No creo tampoco que suponga un “antes y un después” de nada. Tan sólo son tres meses que han de vivirse con la ilusión que se merecen y procurando aprender y enriquecerse de todo lo que me rodea.





Tantas son las ganas de querer absorber todo, que tampoco hay demasiado tiempo para complicarse la vida con divagaciones y preguntas sin respuesta.




Procuro no desperdiciar ni un segundo; pequeños detalles sin importancia estando en tu país, se convierten en una fuente de información cuando ahora te encuentras tan lejos.




Descarto la idea de leer o dormir en el autobús. Prefiero observar cada cara desconocida, fijarme en cómo miran a quien hablan, darme cuenta de aquella novia celosa que agarra con fuerza a su novio creyendo que le estás haciendo un scanner corporal.




Me interesan conversaciones que eran insustanciales en España y agradezco los buenos días del autobusero.




Cada mañana es una página nueva escrita en un libro casi sin empezar. No esperas nada del día, y sin embargo, lo que has vivido, te basta para levantarte al día siguiente con la misma energía.




Sabes que no habrá cambios espectaculares en tu vida, pero tampoco los necesitas. Te basta con lo que tienes hoy y ahora.



Entre tanta cotidianidad, poco tiempo queda para pensar en los míos Los tengo en mente de vez en cuando, pero tampoco añoro su compañía…




Me pregunto si sería capaz de vivir así durante un par de años, tres… lo que se tercie…




La duda produce un escalofrío en mi piel, pero tampoco me detengo más a pensarlo.




Sigo manteniendo mi ilusión inicial y me sorprendo de que mis hormonas no hayan hecho modificar mi estado anímico ni un solo día…. ni un solo minuto. La misma intensidad que el primer día..............







Algo hace tocar esa fibra que hasta ahora estaba intacta. Recibo un e-mail con fotos de la pequeña princesa de la familia, el regalo más grande que hemos tenido en la casa.




Dentro de poco cumplirá un año, y probablemente me pierda sus primeros pasos…




Está preciosa y al ver sus fotos, su frescura… por primera vez siento la necesidad imperiosa de uno de sus abrazos.




Abrazos que sólo uno mismo conoce, y que tanto ayudaron cuando se necesitaban.




Me vuelvo a preguntar si sería capaz de vivir de este modo durante años…




La duda me confunde, pero recordarla a ella me devuelve la calma…




Pequeño milagro.




Hay vida ahí fuera. Lo se, y lo agradezco.




2 comentarios:

  1. Mar, Mar,Mar..., ¿vida fuera del vientre?, ¿fuera de nuestro entorno familiar?, ¿fuera de nuestro barrio...?, tu ya la estas viviendo, sintiendo y contemplando..., y sigue observando, mirando a tu alrededor, contemplando escenas como la de esa chica que se aprieta contra el novio, marcando el terreno para que ninguna otra se acerque..., es algo tan natural, tan ancestral...., un besito, musiquillaaaaaa

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  2. Jope, bici, me has dejado alucinada!! has entendido todos los sentidos a los que me refería con "vida ahí fuera"...

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