sábado, 26 de septiembre de 2009

NUEVA ZELANDA: LA OTRA CARA DE LA MONEDA




Cuando llegué a Auckland me llevé una gran sorpresa al descubrir que todo lo que había leído y escuchado acerca de esta ciudad, no se asemejaba demasiado a la realidad.



Hasta el punto de que necesité una semana para asimilar que realmente estaba aquí, había llegado a mi deseado país.



Todos los países tienen su propio arquetipo, pero me alegra haber tenido la oportunidad de desmentirlo.



Nueva Zelanda no es un país en el que te encuentres kiwis volando allá donde vayas. De hecho los kiwis ni si quiera vuelan, y son una especie muy protegida. Animales nocturnos difíciles de ver. Puedes sentirte afortunado si te encuentras alguno en cautividad.



Nueva Zelanda cuenta con una gran cantidad de especies distintas de aves, pero tampoco son fáciles de ver y si quieres encontrarte con algún ave originaria de aquí, has de buscarla a conciencia, o al menos, ser bastante observador.




Algo parecido ocurre con la flora. Toda la enorme variedad de especies distintas de plantas se camuflan si no prestas la suficiente atención, o ignoras su existencia.




No es algo ni tan evidente, ni tan estrambótico, también hay que buscarlo.




La abundancia de cuerpos esculturales trabajados por el deporte no es del todo cierta. Tan sólo se cumple en uno de cada 100 casos. El resto, es sólo paja entre el centeno…




La única verdad que se cumple a medias es la mayor cantidad de rubias con ojos claros que se pueden ver aquí (más que en España). Pero también con escaso estilo a la hora de vestir, y bastante poco cuidadas. A lo que además hay que añadir la poca reputación que tienen entre sus propios compañeros (los propios kiwis).




El maorí da una imagen de Nueva Zelanda más que espantosa. La peor que puede haber. Los propios kiwis los llaman “brown” a modo despectivo para asemejarlos con el café, o con algo sucio.




No es fácil encontrarse con kiwis en el centro de la ciudad. Auckland es una ciudad cosmopolita con todo lo que ello supone.




La mentalidad neozelandesa, parece no ser todo lo abierta que debiera. El inmigrante aquí se siente arropado, probablemente mejor que en casa. Sin embargo, el kiwi que nació aquí y ha tenido la oportunidad de viajar y conocer más países fuera de Nueva Zelanda, considera a los kiwis cerrados de mente, con pocas perspectivas y acomodados en su país, al que consideran el mejor sin interesarles nada del exterior. Como aquella pieza de ajedrez incapaz de ver el resto del tablero.




También aquí se cometen ilegalidades en el trabajo. Existen trabajos sin contrato, empleados sin visa y sueldos ínfimos en empleos no cualificados. Un tailandés sin papeles puede cobrar 10$ la hora en un restaurante (en € es la mitad).




Y por supuesto SÍ ocurren crímenes semejantes al resto de paises.




Sin embargo, esto es sólo una ínfima parte de toda la inmensidad de Nueva Zelanda.



Nueva Zelanda es lo suficientemente valiosa como para solventar todos sus defectos. Nueva Zelanda no es perfecta. Como ningún otro país.



Pero para mí sigue teniendo la misma magia que al principio. Quizá incluso más, ya que el no conocer su totalidad la hace aún más deseable.




Nueva Zelanda es GRANDE (en todos sus sentidos). Es el idílico lugar que unos padres elegirían para que sus hijos crecieran. Es de lo mejor que he conocido. Y puede, que el que no sea perfecta sea un buen motivo para seguir buscando mi sitio.




Nueva Zelanda impregna a los que la conocen el mismo sentimiento. A nadie deja indiferente. Si has tomado la decisión de venir aquí, ya compartes algo con el resto de los expatriados. Un destino semejante, siempre guarda un motivo concreto detrás, aunque de primeas, no sea demasiado consciente.




Puede que todos los que hayan hecho este viaje se vayan con la misma idea: NUEVA ZELANDA ES SIMPLEMENTE MÁGICA.






6 comentarios:

  1. A mi no me has quitado las ganas de conocer esas islas algún día, jejeje.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. JAJaja... Lo que dices de cómo ven los neozelandeses a la típica rubia que va de tía buena, y lo que comentas de que el neozelandés que sale y vive en otra parte un tiempo considera a sus compatriotas cerrados y tal... es lo MISMO que pasa en Islandia con las islandesas y los islandeses :D

    ResponderEliminar
  3. Hola Mar..., entonces, ya has vuelto..., bien, bien, bien..., tres meses en la isla, mirando, observando, contandonos lo que veías y sentías..., reflexionando y escribiendo esas sensaciones para nosotros.
    Tres meses de tu vida bien invertidos, ejercitando tus alas mentales, tres meses observando a esa isla y a tu propio pais con otrois ojos, desde otra perspectiva..., me alegro de que estes de vuelta y también me alegro de que te hayas marchado..., creo que no han sido vacaciones, creo que ha sido el mejor curso de verano que podrías haber elegido.
    Besos niña..., con unos matices distintos a los que perfilaban a aquella Mar que aterrizó entre los kiwis..., por cierto, esas rubias de ojos azules que citas..., ¿estaban buenas...?, ja, ja, ja.

    ResponderEliminar
  4. Ars, recomiendo ampliamente este destino a todo el mundo.

    ResponderEliminar
  5. María, lo mismo que pasa en Islandia, y que pasará en otros tantos países.

    Si algo me queda ahora clarísimo, es que el mundo es muy pequeño y las semejanzas entre una parte y la otra del mundo son abismales...

    ResponderEliminar
  6. Bici, creo que en tres meses he aprendido más que en toda mi vida. Y el inglés no es lo más importante (y mira que es importante...).

    Lo que me preguntas con respecto a las, en absoluto abundan las "tías buenas". Lo digo yo, que soy mujer, pero también lo he escuchado de hombres. En absoluto, porque al físico, también se le añade el poco estilo al vestir.

    ResponderEliminar