lunes, 18 de enero de 2010

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE





Cansados de escuchar los lamentos victimistas de nuestro compañero de trabajo narrando reiteradas veces las consecuencias de su fatídico accidente de coche, el día de Nochebuena decidimos soltarle el mayor sermón moralista que jamás hubiese presenciado.



Todo empezó con una de mis incisivas frases: “Nacho, cada vez que mencionas la expresión “dónde voy con esta cara rota”, lo que me dan ganas es de partirte la cara yo misma y con mis propias manos.”



Imagino que le sorprendió verme por primera vez seria y que no le siguiese la corriente con su carcajada. En su defecto le giré la cara hacia la ventana. Ya era tarde y con la oscuridad de fuera podíamos vernos reflejados en el cristal.




“Fuuuu, qué horror.” Dijo exactamente lo que esperaba...



“La verdad que sí, ni si quiera te has peinado, tío.”



Volvió a reírse mientras se peinaba con las manos.




“No eres un puto monstruo, sabes??.... Por cierto, qué te van a hacer en la próxima operación??.” Mientras respondía, palpé conscientemente su rostro ensiliconado aparentando curiosidad.



“No te da asco??” Me lo dejó fácil, éste era el momento para meter el machete: “Macho, qué predecible eres, sabía que lo dirías. No, no me da asco. No nos das asco, tío!! El problema lo tienes tú.”



Los siguientes minutos se convirtieron en una avalancha de sermones, consejos y teorías de vida por parte del resto de compañeros hacia aquella gran persona. Por un momento no estábamos hablando de sexo, borracheras, juergas nocturnas, ni criticando al otro departamento. Era algo serio y todos querían aportar su granito de arena.




Como era de esperar, la conversación tomó otro cariz. De lo contrario, se hubiese asemejado al culebrón de sobremesa que te ayuda a dormir la siesta. Cada uno desveló sus insignificantes complejos: “yo nací maricón, y maricón moriré. Lo que ayer me acomplejaba, hoy es un orgullo.”............. “Cuando empecé a quedarme calvo, el mundo se me vino encima. Y hoy me pelo la cabeza para relucir calva brillante.”......... “¿Te has fijado alguna vez en el enorme culo que tengo? Yo prefiero decir que soy de caderas anchas...”......................... “Yo soñaba con tener dos tetas como dos carretas y mira con lo que me he quedado... Ahora me alegro de estar proporcionada.”................ “Una vez me cedieron asiento en el metro creyendo que estaba embarazada. ¿Por qué te crees que siempre llevo ropa ancha?”.




Las respuestas de Nacho eran las previstas: “muchos hombres están calvos, si estás gordo puedes adelgazar, ser gay no es un defecto o el tamaño no importa...” Frases que sólo son creíbles en las películas, porque en la vida real, cada uno de nosotros sabíamos que era un handicap, o así lo habíamos sentido.




Temiendo perder el motivo de la conversación, recalqué: “Nacho, que no te líes, que todos tenemos nuestras inseguridades, pero no las gritamos a los cuatro vientos!!!! Solo te lo diré una vez: VALES, pero tu mayor defecto es que no te lo crees.”




Todas las sugerencias de cambio y las críticas constructivas acabaron cuando el jefe se incorporó a la conversación. Esta vez no simulaba ignorarnos y otorgó un peso importante a la conversación.




“Nacho, tú estás vivo y no has acabado en una silla de ruedas. ¿Podrías por un momento imaginarte a mí con una enfermedad degenerativa incurable?”




“Venga Richi, no nos pongamos catastróficos. Todo lo que me digas lo se, pero yo no me quiero con esta cara. Así no.”




“Nacho, te estoy hablando en serio. Algunos de tus compañeros lo saben, pero la mayoría no. Tengo osteoporosis. ¿Acaso te lo podrías haber imaginado con mi actitud y mi forma de vida? La gente no me considera un enfermo porque yo no lo muestro. Soy consciente de mis límites, pero no hago un drama de ello. ESTOY VIVO.”




Disimuladamente me levanté para ir al baño.




Al regresar, el silencio arañaba las paredes. Cada uno estaba absorto en sus propios pensamientos. Ante la falta de costumbre sólo pude soltar:



“Chavales, mañana es Navidad!!”



Y agradecí mentalmente cada uno de los comentarios.







4 comentarios:

  1. Obsesionarse con el fíciso es tan lícito como el que lo hace con el dinero. Es una forma más de ocupar el tiempo. Probablemente tu compañero cuando pase por quirófano unas cuantas veces más y su cara esté "arreglada", le pedirá otras cosas a la vida. De momento, su ilusión es tan sensata como cualquier otra.

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  2. Tiene que ser fuerte que la vida te regale un susto de estos. Aunque apoyes a la persona, nunca se sabe cómo reaccionaría uno mismo.

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  3. Anónimo, prefiero no meterme en moralismos de lo que es o no lícito... En cualquier caso, las obsesiones no son buenas. Y los complejos, menos. Cuanto antes se supere, mucho mejor. Máxime teniendo en cuenta toda la valía de esta persona en concreto.

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  4. Troyano, nunca se sabe cómo se va a reaccionar en una situación concreta. Pero siempre es positivo tener a gente a tu alrededor que te ponga los pies en la tierra.

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